Minificciones Navideñas

Antes de dormir

Por Missael Mireles

Recuerdo que una vez me quedé despierto hasta tarde, después de la cena de Noche Buena. Como cualquier niño, tenía una esperanza: ver a Santa Claus en persona. Incluso, creí que no me importaban los regalos, sino poder ser el primer afortunado en verlo en persona. No fui más capaz que el sueño; la negrura que poco a poco se apoderaba de mis ojos, consecuencia del peso de mis párpados, me obligó a sucumbir. Recuerdo que me acosté, y en mi somnoliento estado, escuché un cascabel que provenía del techo.

Regalo del pasado

Por Alejandra Maraveles

Esa nochebuena me fui a dormir, cansada de la pandemia que me había impedido ir a pasar las fiestas con mi familia, si hubiera creído en Santa, le habría pedido una Navidad con mis seres queridos. 

A la mañana siguiente me despertó mi hermano gritando que había regalos para todos, el sonido de mi mamá haciendo el desayuno y mi hermana mayor diciendo que era demasiado temprano para estar despierta. 

Algo había sucedido, parecía que había retrocedido en el tiempo, yo era niña de nuevo, todo era como había sido muchos años atrás, disfruté el desayuno, abracé a mis papás, jugué con mis hermanos, más tarde fui a ver a mi abuela y, recordé cuánto la extrañaba, al verla allí con sus cabellos blancos en su típica trenza. Cuando llegó la hora de dormir, no quería cerrar los ojos, algo en mis adentros sabía que a la mañana siguiente sería de nuevo adulta, habría una pandemia mundial, estaría sola y encerrada lejos de mi familia. 

Sin embargo, cuando abriera los ojos, creería en Santa que, de alguna forma, me había dado lo que yo había deseado desde el fondo de mi corazón.

Carta al Abuelo

Por Maik Granados

Abuelo, quiero pedirte un enorme favor esta Navidad. Deseo que puedas decirle a Santa que me traiga ese bonito castillo que vimos en la juguetería del distrito central, ese que me dijiste que, si lo pedía con mucha fe, seguro Santa me lo traería. Lo quiero porque me recuerda a ti, antes de que te fueras por culpa del cochino coronavirus.

Te dejé unas galletas, y otras para Santa, debajo del árbol. Recuerda, las de jengibre, son las tuyas.

Gracias, te quiere, Pablito.

El pequeño Marcus se roba la Navidad

Por Nicte G. Yuen

El asalto al pueblo sucedió la madrugada del 25 de diciembre. El pequeño Marcus y su amigo zombie tuvieron la genial idea de recrear su cuento navideño favorito y convertirse en todos unos Grinchs por al menos una noche. El plan era saquear las casas que se encuentran en la periferia, destruir los regalos recién abiertos, secuestrar algunas mascotas y por supuesto, cenarse uno que otro incauto que se les atravesara en el camino. Papá vampiro estaba encantado con la idea, tanto que hasta se ofreció a filmar el evento; mamá vampiro por el contrario tenía sus reservas, después de todo la última travesura del pequeño Marcus había terminado con una maldición de por medio, y aún era tiempo que no conseguían una bruja lo suficientemente capacitada para arreglar el asunto. Los papás zombies, también amantes de las buenas historias y los personajes que odiaban la Navidad, consiguieron pintura verde, gorros y botas al más puro estilo de Santa Claus, y hasta le pusieron orejas de reno a su perro zombie. Los niños tenían permiso de sus padres, de sus abuelos, sus bisabuelos y sus tatarabuelos; nada podía salir mal. Fue así como el pequeño Marcus y su amigo zombie, terminaron portando los mejores disfraces de la historia, y siendo la envidia, no solo de sus hermanos, sino de todos los monstruos.

Y NO VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE.

Nochebuena

Por Víctor Hugo A. Sanmiguel

En víspera de Navidad recibí tres regalos. 

El primero era una caja de bombones bañados de chocolate, un exquisito detalle.

El segundo era misterioso, de envoltura colorida y elocuente que disfrazaba una distinguida sorpresa, fue emocionante descubrirla.

El tercero, ¡ahh! Como olvidar la llegada del amigo, con quien no paraba de sentir el calor del sol en su abrazo, ese fue el mejor regalo.

El cardumen

Por Jorge H. Haro

—¿Cómo es la fiesta de navidad en tu casa? —le preguntó la joven a su novio. 

—Es una posada como cualquier otra. Cena, ponche, juegos, regalos, familia. Lo tradicional —respondió.  

—¿Y se juntan todos tus familiares?

—Por supuesto. En la casa de mis abuelos se une todo el cardumen. 

—¿El cardumen? —preguntó extrañada —¿Cómo que el cardumen?

Su novio la miró con una sonrisa en el rostro y emitió una sonora risotada. 

—Ya lo entenderás cuando te los presente. 

Ella entendió. Las palabras de su amado obtuvieron significado a lo largo de la celebración de nochebuena, cuando sus familiares, joviales y con los más altos espíritus, le recordaban a la letra de un popular villancico.

Pero mira como beben los peces en el río…

El invitado

Por Stephanie Serna

La mesa está puesta, cada cubierto en su lugar, a pesar de que el invitado de honor de este año no lo necesita. Renata sonríe, imagina a su abuela regañándola por tener el celular sobre la mesa durante tantas cenas navideñas.