Martes de brujas y verduras

2018-11-28 Martes de brujas y verduras
Frightened girl by Roy Lichtenstein (1964) Estate of Roy Lichtenstein/DACS 2018

Por Omar St. Esteban

La Dulce Marina nunca imaginó, que en un martes de frutas y verduras, entre maduros melocotones y uno que otro pepinillo, encontraría el presagio de su propia muerte.

¡Oh, la tierna Marina! salió de su casa sin premura alguna hacia esa cita, a la que acudía cada semana religiosamente; si hubiera prestado un poco más de atención a ciertas criaturas, que la esperaban a fuera de su casa, tal vez podría haber hecho algo al respecto, pero despistada Marina, no advirtió su presencia. Solo se cercioró que su cabellera estuviera bien peinada y mientras pensaba con quién se iba a encontrar, inspeccionó una vez más su traje blanco, inmaculado y deportivo; después de todo ir al “super” es todo un deporte de alto riesgo, y ella, como buena rubia “Champagne”, oriunda de Ciudad Nezahualcóyotl, sabía muy bien de apariencias y de gente brava.

¡Oh, preciosa Marina! antes de entrar al establecimiento, revisó su plan de batalla para triunfar, sobre aquel coliseo hecho supermercado. Sus primeras víctimas serían las divorciadas gladiadoras, que se juntaban cerca de un bote de basura, para fumar amargura y exhalar venganza, a las cuales torturaba, siempre que les hablaba de su eterno romance de novela, con Patrick. Pero las guerrilleras de las pensiones alimenticias este martes se encontraban fascinadas con una gran lechuza blanca, a la cual entre risas, invitaban a fumar con ellas; por lo que no repararon en la presencia de Marina; ella un poco disgustada, siguió su camino.

Marina fue en pos de su siguiente víctima, las “Testigo” de los productos milagros, frecuentes merodeadoras de la farmacia y que sentían tremendo dolor y resentimiento ante la belleza de Marina; ésta alcanzó a verlas, cuando en su carrito, sin previo aviso, aterrizó una lechuza blanca, Marina mandó inmediatamente el carrito a volar, y corrió a refugiarse en el departamento de enseres domésticos. Mientras con la mirada buscaba aquel pajarraco, escuchó un incesante picoteo que provenía de una lavadora Hoover 10kg, ¡Oh, curiosa Marina! Abrió la puerta de lavadora cromática, de la cual salieron numerosas lechuzas, que se estrellaban contra ella, haciendo que Marina cayera al suelo con aroma a lavanda; se levantó y salió sin chistar al departamento de salchichonería.

Traviesa Marina, tomó un carrito que no era el suyo y siguió su camino, un tanto  espantada, pero con la confianza de que su suerte cambiaría; ella recordaba que hace tiempo, se puso de moda entre las hijas de Eva, llevar a sus perritos al “super”, ya sea por las quejas que provocó la presencia de los caninos o por el empoderamiento femenino, muchas mujeres terminaron por llevar al marido en cambio; a los que comúnmente se podían encontrar en la sección de carnes frías, a la caza de la degustación de jamones en oferta; la pícara de Marina solía coquetear descaradamente con cada uno de ellos, pero ese día lo único que encontró fue un desierto total, y un murmullo que la conduciría al siguiente departamento.

Lo que encontró en la sección de frutas y verduras, fue algo más de lo que sus tacones de aguja podían aguantar, todo el área de vegetales y medio super, ya estaba inundada de lechuzas blancas de incandescentes ojos rojos; amas de casa, maridos y trabajadores hablaban de aquel extraño espectáculo. Marina entró lentamente, para su sorpresa, todas las lechuzas inmediatamente la seguían con la cabeza a donde ella fuera; algo perpleja dio una vuelta completa al pequeño quiosco de tomates “cherry”,  el grupo de aves que estaba sobre los pequeños tomates, giro su cabeza trescientos sesenta y cinco grados, siguiéndola con la mirada en todo momento, ante el continuo asombro de los ahí presentes. Buscó refugiarse entre la clientela, pero todo mundo la esquivó; solo una de ellas, su acérrima enemiga Candy, mujer perfecta, con la que hacía duelos de dietas, dramas y vacaciones de ensueño, lejos de mirarla con miedo o desprecio, la miró con ojos cristalinos y llenos de misericordia; sólo ellas dos sabían lo que significaba toda esa invasión plumífera. La escurridiza Marina salió huyendo despavorida del Super Mercado.

Dentro de su automóvil con aroma a limón, se podía escuchar el “Sniff, Sniff” de su tierno llanto ¿qué sería de su Patrick? Ella, como buena bruja, conocía el mensaje de las lechuzas: ahora tenía que preparar el “Bikini Rojo” para su inminente muerte; después pensó que también tendría que hacer una pre copa para su funeral, en el que por obvias razones, ella sería la estrella. No tenía tiempo que perder, Audaz Marina, limpió cuidadosamente su cara y sus ojos, con sumo cuidado de no arruinar sus pestañas Pixi, quitó dos de sus pelucas, y se dirigió a otro establecimiento; esta vez y después de muchos años, haría verdaderamente las compras, aunque fuera para su propio entierro, evento, que en su mente sería Super Wow.