Ola de calor

2018-01-03 Ola de calor
Ola de Calor

Por Alejandra Maraveles.

Sentí que una gota de sudor caía de mi frente, rodeó el contorno de mi cara hasta llegar a mi barbilla, y duró unos segundos antes de llegar al suelo, ya me había despojado de casi todo lo que traía de ropa, pero el calor era agobiante, llegué a mi cuarto, pero allí la temperatura estaba tal vez más alta.

Suspiré…

Me cambié la ropa por una bata de dormir sin mangas, y me dirigí a la cocina. Se me antojaba una bebida llena de hielos, incluso un vaso con agua y los cubitos tintineando, me resultaba seductora. Sonreí al pensar en lo refrescante que sería. Bajé las escaleras y entré a la amplia cocina.

–¿Otra vez con tus indencencias? –la voz de mi abuela me retumbó en la cabeza, aumentando el dolor que se estaba haciendo presente, desde que llegué a casa.
–Es sólo una bata –refuté mientras la miraba.

Mi abuela estaba sentada en una de las sillas del antecomedor, llevaba su ropa normal, ¿cómo podía soportarlo?, si yo apenas y soportaba la bata, que se me pegaba al cuerpo incluso en lugares que normalmente no lo haría. Apreté la boca, no quería pelearme de nuevo con ella, “es una mujer mayor”, repetí para mí.

–Me dijo tu madre que no te fue bien en el semestre pasado.
–Me fue bien –pensé, en que apenas y había pasado dos materias, pero no iba a admitir delante de mi abuela que mi rendimiento académico dejaba mucho que desear. Mi madre debería guardarse esa información, así no tendría que estar dando explicaciones a nadie.
–Si sigues así, después no vas a encontrar trabajo.

Estuve a punto de decirle que ella no sabía lo que era trabajar, de hecho, yo sabía que mi abuela nunca trabajó, al menos no de forma remunerada, aunque cada vez que hablaba se daba aires de alguien que sabía lo que decía.

Otro conato de bronca, pensé, y antes de seguir con el tema, fui hasta el refrigerador, no habían puesto agua en la hielera, seguramente el tío Thomas se los acabó, porque yo los había rellenado antes de salir por la mañana. Mi idea de una bebida fría terminó al descubrirlo, saqué la hielera sintiéndome frustrada, le eché agua del grifo y la volví a colocar en el aparato.

–Tu tío va a traer la cena.

Un “seguramente” cargado de sarcasmo se quedó flotando en mi garganta, eso dijo la noche anterior y la anterior, y yo había terminado haciendo la cena en ambas ocasiones. Así que sin hacer mucho caso a lo que decía mi abuela, volví a abrir el refrigerador, parecía que tenían semanas que no hacían despensa.

–¿Qué haces? –me preguntó la abuela.
–Buscando algo para cenar –respondí, sin tratar de ser grosera.
–Ya te dije…
–Sí, sí, el tío, bueno a lo mejor no estoy de ganas de comer lo que él traiga –espeté, mis intentos para no entrar en una discusión, se estaban yendo junto las gotas de sudor que no paraban de correr por mi cuerpo.
–Muchacha descarada –sonó la voz de la abuela, pero ya no me importaba, cada año era lo mismo, odiaba que mi madre me mandará lejos… que se deshiciera de mí, mandándome con la abuela que vivía en otro país, donde no tenía amigos y apenas y comprendía el idioma.
–Pues a lo mejor sí lo soy –le dije –es más ya no quiero estar aquí, me regreso a México hoy mismo.

Caminé hasta la puerta, tomé mi abrigo y salí al patio. La nieve me llegaba hasta la mitad de la pierna, pero de momento no sentí el frío, estaba muy enojada, entonces escuché unos gemidos quedos, como de alguien que lloraba. Por la ventana vi a mi abuela que sollozaba.

El frío del ambiente me pegó en ese momento, poco a poco la temperatura de mi cuerpo fue bajando, la ola de calor ya había pasado y con ella, parecía que se había llevado el enojo. Miré hacia dentro de la casa, desde fuera la figura débil de mi abuela, me hizo sentir miserable, era la peor de la nietas por haber hecho llorar a la anciana. No importaba que estuviera lejos, ni que la abuela pusiera el termostato en nivel “infierno”, algo dentro de mí me gritaba que podría sobrevivir durante las dos semanas que me quedaban de vacaciones. Respiré, dejé que lo último de calor en mi cuerpo se fuera, después sonreí ligeramente, pues sabía que al ingresar a la casa volvería a un clima tropical.

Un comentario sobre “Ola de calor

  1. Paradoja o ironía, me acordó de un programa de TV muy viejo, de principios de los 60’s, creo que era “un paso al más allá” o “rumbo a lo desconocido” donde la trama es de un hombre que está solo en el desierto muriéndose de sed y al final de da cuenta que está en la cama con muy alta temperatura en una región que estaba a temperaturas muy por debajo de cero grados centígrados …

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.