
Por Alejandra Maraveles
Samantha se sentía muy emocionada, Pablo, el chico que se había vuelto el objeto de su afecto desde que lo vio por primera vez hacía dos semanas en una de las clases de la escuela, le había comenzado a seguir en Instagram. En cuanto la app le había mandado la notificación, sintió que las mariposas de su estómago estaban haciendo fiesta.
Nadie sabía de ese reciente gusto, ni siquiera su amiga Faby, a quien conocía de toda la vida. Ella misma no sabía por qué no se lo había contado, había guardado ese secreto en su corazón por casi 15 días. Pero en ese momento se sentía en las nubes y deseaba compartirlo con alguien porque quería gritar y llorar del entusiasmo que corría por sus venas.
–Faby, ¡tengo que contarte algo!
Faby la miró con interés, Sam, sabía que ella siempre le escuchaba y eso era algo que le hacía apreciarla de verdad.
–Creo que me estoy enamorando de Pablo, el de nuestra clase de historia. Es tan dulce y divertido.
–¿Pablo?
–Sí, en serio, tengo ya varios días que siento, pues eso, que me gusta muchísimo… y hace rato… ¡no vas a creerlo!, me comenzó a seguir en Insta.
Faby sonrió con complicidad, sus ojos brillaron traviesamente.
–Pablo, ¿eh? Eso es interesante, Sam.
Samantha frunció ligeramente el ceño ante la reacción de Faby.
–¿Qué quieres decir con “interesante”?
Faby se inclinó con confianza con ese tono juguetón que Sam le había escuchado muchas veces cuando coqueteaba con algún chico.
–Bueno, ¿recuerdas el proyecto grupal que hicimos la semana pasada? Pablo me mandó varios mensajes, preguntándome mucho sobre ti.
–¿Te mandó mensajes preguntando por mí? –aunque la noticia debía excitarle, su corazón, de repente, se hundió. Y comenzó a preguntarse por qué su mejor amiga no le había comentado de algo tan importante.
–Sí, parecía realmente curioso por ti. Supongo que también te ha notado.
Sam no sabía qué estaba pasando, la voz de Faby sonaba distinta a lo normal.
–¿Es decir que han estado hablando?
–Sí, desde el proyecto él comenzó a seguirme en Instagram también.
Sam sintió una mezcla de emociones: sorpresa, decepción y una punzada de traición. Confiaba completamente en Faby, pero enterarse de que Pablo podría estar interesado en su amiga en lugar de ella la lastimó más de lo que esperaba.
–Oh –fue todo lo que pudo decir, intentando ocultar su dolor.
–Pero bueno –rápidamente agregó–, tal vez sólo sea tímido o no sepa cómo acercarse a ti. Ya que te sigue, deberías hablar con él.
Samantha asintió, forzando una sonrisa.
–Sí, tal vez lo haga.
Con el paso de los días, cada que Samantha notaba gestos amistosos con ella de parte de Pablo como sonrisas en el salón, cumplidos sutiles sobre cómo se veía o que le preguntaba cosas sobre las clases, sólo podía recordar las palabras de su amiga. No evitaba preguntarse si Pablo realmente tenía interés en ella o si la estaba utilizando para llegar a Faby.
El que ambas se sentaran juntas casi siempre, en ese momento estaba resultando un problema, porque no podía dilucidar si las miradas de Pablo iban dirigidas a ella o a Faby. Sam, había checado que efectivamente, en Instagram Pablo también seguía a Fabiola, pero no había forma de saber a quién había seguido primero. Y aunque se sentía muy dolida, no quería llegar al extremo de pedirle ver el chat donde habían, según Faby, hablado sobre ella. Si hacía eso, demostraría abiertamente que ya no confiaba en su amiga.
La emoción que Sam había sentido al inicio de la semana, se fue apagando, ya no estaba segura de nada, tal vez ella se había inventado todo en su cabeza y Pablo la siguió sólo para checar los movimientos de su amiga, ya que la interacción entre ambos había sido prácticamente nula. Ella no se había sentido optimista como para iniciar una conversación con él.
Esa tarde, al salir de clases, cuando ya estaba por salir de la escuela se percató que había dejado su teléfono conectado en el salón. Regresó corriendo, con la esperanza de que nadie lo hubiera tomado. Entró al salón casi corriendo y se sorprendió de ver a Pablo con su teléfono en las manos.
–Es mi teléfono –dijo Sam.
–Sí, lo sé, pensaba en ir a buscarte para dártelo –dijo Pablo, quien se veía un poco sonrojado.
–Bueno, ya estoy aquí –a pesar de las dudas de los últimos días, Pablo le seguía gustando mucho, así que el nerviosismo en su voz era notorio.
–¿Sabes? Me alegra que se te haya olvidado, hace unos días que quería hablar contigo.
–¿Conmigo?
–Sí, yo… bueno… –parecía que Pablo estaba tratando de hallar las palabras adecuadas –quería saber si… querías ir al cine conmigo el fin de semana.
–¿Quieres que le diga a Faby?
–¿A tu amiga?
–Sí –asintió Sam, con el temor de escuchar de los labios de Pablo que prefería a su amiga sobre ella.
–¿Por qué habría de hacer eso?
–Es que yo pensé… que ella… digo, porque la empezaste a seguir en Insta y así.
–Sólo la empecé a seguir después de que ella me siguió, la neta, ni siquiera la hubiera seguido si no fuera tu amiga.
–¿No hablabas con ella?
–¿Con Fabiola? No… ¿para qué querría hablar con ella? A quien le quiero hablar está frente a mí.
Sam se sonrojó, sabía que su cara parecía un gran jitomate.
–¿Entonces? ¿Cine, el sábado?
–Sí –contestó tímidamente Sam.
Los dos salieron del salón mientras se ponían de acuerdo para esa primera cita. Al mismo tiempo, Sam pensaba que, aunque ella y Pablo no llegaran a ser novios, su amistad con Fabiola había llegado a su fin.

