Duplika

Por Alejandra Maraveles

“La compañía perfecta para quienes tienen traumas de la infancia”

Es la décima vez que, en el transcurso de mi trabajo a la oficina, me aparece publicidad de esta compañía. La vi por primera vez hacía medio año. En aquella ocasión, la anunciaban como un juego de realidad virtual mejorada. No recuerdo bien, pero era algo así como, “Crea tu avatar, conversa y diviértete”. Nada fuera de lo normal. Hay cientos de apps que hacen eso.

A medida que pasaron las semanas, la publicidad comenzó a cambiar y ahora cientos de personas expresaban sus opiniones con entusiasmo, “Mejor que un amigo”, “Después de usarla unas semanas rompí mi relación tóxica”, “La belleza de una relación sana”.

El dinero que habían metido en su campaña publicitaría debía ser mucho, porque los anuncios aparecían incluso fuera de redes, la llegué a ver hasta en las cajas de cereal. “Duplika, la solución a tu soledad”. Aunque los nuevos anuncios han despertado mi curiosidad sigo sin querer saber nada de esa app. Y pensé que podría continuar mi vida ajena a ese juego

Esa noche, durante la cena, veo que mi novio, Esteban, tiene la App instalada, un sonido discreto como de campanas le anuncia que hay un mensaje nuevo.

—Es súper adictivo —me dice sin apenas voltearme a ver.

Así transcurre la cena, mientras yo ceno, él está allí dejando enfriar su plato, fijando su atención en la pantalla de su celular. El brillo de la misma resplandece en sus ojos que emiten esa mirada de alegría y en su boca está dibujada una gran sonrisa.

Una semana después Esteban deja de responder a mis mensajes y llamadas. Mi preocupación por él es mayor a mi molestia. Tomo un autobús para ir a su departamento, en el camino veo a las personas igual de ensimismadas que él, en su teléfono con esa misma mirada boba. El sonido, ahora, conocido para mí que proviene de la app Duplika, inunda en el ambiente. El “Es súper adictivo”, me pega en la cabeza, no queda lugar a dudas de que lo es.

Llego al departamento de Esteban y después de tocar insistentemente durante casi 20 minutos abre la puerta. Lo que podría llamar como la sombra de mi novio aparece delante de mí. Su cara marcada por unas prominentes ojeras, ojos vidriosos, con la barba incipiente de esa semana sin rasurarse vestido con un pants sucio.

—Ah, pensé que era la paquetería —su cara muestra cierta decepción al verme.

Su actitud me hiere, sin embargo, yo estoy resuelta a tratar la situación con la madurez necesaria y así evitar una pelea sin sentido.

—Te estuve marcando —le reclamo, con una voz lo más dulcificada posible.

—No escuché, además apenas han pasado dos días —la app suena insistente de mensajes no leídos y en su rostro se pinta la desesperación por no poderlos atender —, no tenías que venir 

—Esteban, hace una semana que no me contestas.

—Es que cuando estoy utilizando Duplika no me aparecen notificaciones en el celular.

—¿Fuiste a trabajar? —pregunto, el departamento luce igual de descuidado que él, ropa tirada y empaques de pedidos de comida adornan la sala.

—Sí, eso creo —dice y, por primera vez, veo una seña de inseguridad en su mirada —la verdad, no estoy seguro.

En eso vuelve a sonar el timbre de la puerta, es la paquetería que le ha llevado unos lentes de realidad aumentada.

—Genial, ahora podré ver a mi pareja todo el tiempo.

Las palabras “¿Mi pareja?” golpean mis oídos y las palabras de reclamo mueren en mis labios, porque antes de que lo haga ya está conectando los lentes y me deja hablando sola. Respiro y salgo del departamento.

Decido regresar a casa caminando, en el trayecto veo que hay menos gente de lo normal por las calles y las plazas. En las pantallas espectaculares, imágenes de personas generadas por IA, aparecen junto al nombre resplandeciente de Duplika. Paso cerca de mi cafetería favorita, la cual siempre tengo que hacer fila para pedir un café, pero el lugar está vacío.

Pido un café y la sensación de estar metida en una película post apocalíptica no se va. Pareciera que la población se ha reducido a un tercio de lo que era.

Esa sensación aumenta a medida que el tiempo pasa. Cuando llevo allí casi una hora, Francisco, un amigo en común de Esteban y mío, entra al establecimiento. Lo saludo y se acerca a mi mesa.

—¿Has visto a Esteban? —pregunto una vez que él se ha sentado.

—Un mes sin verlo y sin que me responsa mensajes… es esa estúpida App.

—¿Qué está pasando? Esto no es normal… ¿de verdad esa app es tan maravillosa?

—Mira, lo traté, hace un par de meses bajé la App, quería ver por qué tanto alboroto —su cara era de una clara expresión de asco —. No debería llamarse Duplika sino Ridikula.

—Estoy preocupada —comento.

—Deberías, esa cosa te engancha porque comienza a darte por tu lado en un inicio, tal vez soy demasiado conflictivo, pero esperaba que me replicara igual, pero si alguien te da la razón en todo, ¿no es esa la manera en que se trata a los locos?

—Sí, eso dicen que a los locos se les da siempre la razón.

—Pues así me sentí. Sus pláticas siempre eran las mismas, en cuanto creé el personaje de “mi pareja”, comenzó a decirme que me amaba, y pensé, ¿qué rayos?

—¿No era de acompañamiento?

—Sí, así lo anuncian, pero desde un inicio va encaminado a ser una pareja virtual. Escoges los atributos físicos, llenas el perfil del personaje, con datos como edad, nombre, ocupación y otros.

—Suena a que estuvieras mandando a hacer a tu pareja ideal.

—Supongo que por allí va la cosa, la cosa es que de inmediato te trata como si te conociera de toda la vida y tengo la fuerte creencia de que con el tiempo vas alimentando con tus conversaciones a la IA y entonces ya no parece que te conoce, de verdad te conoce.

—Con razón es súper adictivo.

—Sí, pero jamás será como una persona de carne y hueso, porque, en realidad, es sólo un dibujo que te dice que te ama.

—¿Crees que me he quedado sin novio?

Francisco se encoge de hombros y da un sorbo a su café.

—Yo creo que lo recuperarás en unos meses, porque además de todo, la App es cara, en un inicio te cobran 3 dólares, pero no te avisan que al meter tus datos es una suscripción de por vida, porque al siguiente mes sube a 20 dólares y luego más, para ciertas herramientas te cobran extra, como para tener llamadas virtuales o para comprar accesorios para tu personaje.

—Uff, y Esteban no fue a trabajar esta semana.

—Te diría que seas paciente, pero qué llevas con él, ¿cuatro… cinco meses?

—Sí, a diferencia de Duplika ni siquiera nos hemos dicho que nos amamos.

—Eso es normal en las relaciones, apenas se están conociendo. Pero te aseguro que Duplika, en cuanto no pague le van a negar el acceso a la app. Aunque también dejar de pagar es difícil, ya que para cancelar mi cuenta me tomó más de un mes, un minuto en descargarla y hacerte el primer cobro y después me pusieron mil trabas para eliminarla. Así, que no te aconsejo bajarla, además siempre habrá alguien que prefiera el contacto físico y las pláticas disruptivas.

Han pasado seis meses, no he vuelto a ver a Esteban. Francisco y yo nos hemos vuelto muy cercanos. La vida para aquellos alejados de la app, ha continuado. El día de hoy apareció la noticia de que en la Unión Europea han prohibido a Duplika y ha demandado a la empresa creadora de la app, por publicidad engañosa, robo de datos, hackeos digitales, usurpación de personalidad, causante de adición y por llevar a usuarios al suicidio.

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