La otra habitación

Por Katya M. López

Escribir lo que uno quiere escribir es lo único que importa, 

y que eso importe por siglos por horas es lo de menos. Pero 

sacrificar un pelo de la cabeza de tu visión, un matiz de su color 

para complacer a algún director con una copa de plata en la 

mano o a un profesor con una vara de medir en la manga 

es la más abyecta traición.

―Una habitación propia. Virginia Wolf

Pensaba en cómo sería tener una habitación propia mientras leía el ensayo de Virgina Wolf, me imaginaba en una sala, con un librero repleto de libros ordenados estratégicamente, una ventana enorme, con vista a un jardín frondoso, entre ese librero, una puerta secreta que lleva a otra habitación, con un escritorio y un asiento tan cómodo para sentirme entre las nubes. Si tan sólo tuviera los recursos de Virginia para adquirir mi propia guarida, otra cosa sería. Pero en estos tiempos, no ha cambiado mucho la dinámica de tener un hogar siendo mujer, intentando incursionar en un lugar en donde aún predomina el hombre.

Pobre Cristina, esta vez te ganó el nobel un hombre más, de los muchos que lo han logrado.

Como joven adulta y un trabajo agotador de ocho horas, me es casi imposible estar en un rinconcito y hacer lo único que deseo. Escribir. Pero no, escribo a contratiempo. Apresurada.

Escribo en el trabajo, tomo mi libreta y comienzo a crear historias, que después de mil borrones paso a redactar en la computadora, la cual está expuesta ante ocho compañeros, observando todo en lugar de ponerse a trabajar. también debería ponerme a trabajar. 

Siento que si no escribo, es un día perdido, un día en el que mi mente se evapora, y la imaginación se oxida. Escribo porque me da felicidad, aunque después de un rato, me estresa si no encuentro el ritmo de la historia. Y en ese momento regreso a “una habitación propia”, me imagino otra vez en ella, en total silencio, sin interrupciones, en lugar de estar en esa oficina 8 horas, tres idas al baño y mala paga. Paga que sirve para publicar.

¿Cómo sería mi vida, si tuviera un lugar propio? Tal vez ya hubiera publicado una novela y ganado un Pulitzer.

Incluso ahora mismo escribo desde el trabajo, mirando de un lado a otro para no ser descubierta y me nieguen esta necesidad de vaciar y plasmar mis pensamientos. Mientras tanto, continúo imaginando tener mi lugar seguro, una habitación propia y claro, seguir escribiendo.