
Por Miriam Prudencio
Desperté de repente, mi cuerpo se sentía entumecido como si hubiera estado en el mismo sueño desde hace tiempo. Frente a mí estaban un sinfín de números que entendía, pero mi inquietud más grande era el no saber quién era yo.
No recordaba nada de mí, tenía un vago recuerdo de estar en casa de mis padres después de haber jugado por horas con mis amigos. Pero todo era diferente incluso mi apariencia, no sabía quién era o que me gustaba, tenía claro lo que estaba en la computadora, nada más.
La taza de café al lado llevaba mi nombre. ¿Desde cuándo lo tomaba? Si mi madre solía decirme que no tenía edad para hacerlo y el dolor de cuerpo me mataba más que la incertidumbre, a mis espaldas una mujer molesta me pregunta si la contabilidad está lista, sé que no lo está, me dedico a terminar con todo ignorando todas las preguntas y el miedo que siguen atormentando mi cabeza.
Finalmente, llega la hora de regresar a casa, por inercia sé a dónde dirigirme… s un apartamento solitario en el centro de la ciudad, no encuentro a mis padres, nada más que un cuaderno desgastado y con varias hojas salidas. Sé que es mío pero no recuerdo su contenido, comienzo a ojearlo pasando página tras página, estaba lleno de historias, fotografías y frases del pasado.
Cada una de esas páginas me hizo recordar algo diferente, no me di cuenta de que había pasado el tiempo, había dejado de ser un niño. Los años habían pasado, al ver ese cuaderno fue como estar en un largo sueño del que desperté de repente encontrándome en un estado apacible en el que todo se hacía en automático.
Sin saber me había obligado a entrar en aquel sueño, al sentirme estancado y con el mundo en contra, traté de vivir al máximo mi vida tanto que me olvidé de cómo hacerlo. Por fin me siento de regreso, sin saber cómo continuar, pero con los pies sobre la tierra, me perdí a mí mismo por tanto tiempo que sólo me restaba continuar con mi vida recobrándome a mí.
Escribo unas últimas palabras en aquel viejo cuaderno que me trajo de regreso, no para mí, creo que es tarde para eso, pero no para el futuro ni el pasado, me encuentro estancado en mi tiempo creyendo que todavía las cosas pueden ser diferentes… ahora que recuerdo quién soy.

