Inocencia

Inocencia

Por Thalia Moya

Inocencia tenía 7 años, era la primera vez que asistiría a la escuela, se levantó cuando el reloj cucú que estaba en su habitación sonó, papá entró a su cuarto por tercera vez en el día, puso su ropa en la cama y le dejó su cepillo de dientes.

Ella ya era grande, se bañaba sola y se cambiaba, cuando terminó de hacer por primera vez su ritual bajó a la mesa de la cocina, ahí se encontraba ya su papá, la esperaba un desayuno enorme que devoró rápidamente, la escuela era parte de su nuevo día.

Cuando llegaron, su papá la llevó de la mano a la entrada de su nuevo santuario, Inocencia estaba emocionada, observó cómo una mujer de vestido rosado se acercaba a los dos.

-Buenas tardes, señor –se dirigió hacia el papá de la niña –mi nombre es Gabriela, soy la nueva maestra de su pequeña-.

-Buenas tardes maestra, ¿le puedo dejar de una vez a mi hija?, tengo que ir al trabajo –respondió el hombre antes de hincarse frente a ella. –Princesa tengo que ir a trabajar hablaremos de tu primer día cuando venga a recogerte –la besó en la frente y partió de la escuela sin voltear a ver a la maestra.

Gabriela miró a la niña y levantó su ceja.

–Hola, inocencia, ¿cómo te encuentras? –comentó mientras empujaba a la niña del hombro y la llevaba adentro de las instalaciones –iremos al salón y te presentaré a tus compañeritos y enseguida empezaremos las clases –dijo mientras entraba al salón.

–Niños, les presento a su nueva compañera Inocencia Paz, –gritó la maestra cuando entró al salón, apuntando hacia la niña –siéntate en esta banca enfrente de mí, quiero verificar tu desarrollo en la escuela, puede que no seas tan apta para entrar todavía cómo piensa tu padre –declaró cuando empezó a caminar hacia a su escritorio y ponía un libro de matemáticas encima del escritorio.

–Sí, señorita Gabriela –dijo Inocencia con voz baja, mientras se dirigía hacia su nuevo asiento.

–Soy maestra, no señorita, –gruñó Gabriela con voz dura ante los ojos dilatados de la pequeña, la niña se sentó enfrente de la maestra mientras empezó a explicar el proceso de lectura de los números en una suma, el infante se sentía feliz al saber que existían más vocales que las que le enseñó mamá.

En la hora del receso, todos los niños salieron y jugaron, pero a ella no se lo permitieron, la maestra dijo que por ser nueva no debía jugar.

Los días pasaron e Inocencia siempre la pasaba sola, aunque en las noches tenía a su papá jugando con ella. A veces se cansaba mucho por siempre jugar de noche y terminaba dormida encima de su banca. Pese a que sabía todas las vocales la maestra la regañaba continuamente y seguía sin jugar con nadie en su nuevo santuario.

A la tercera semana, en el receso de la escuela se fue al baño para tratar de limpiar el yogur que le habían tirado encima las niñas de su salón.

Inocencia se trataba de lavar su vestido blanco, fue cuando entraron cuatro niñas de la secundaria, la pelirroja la empujó mientras le gritaba –¿por qué estás aquí mocosa asquerosa?, ¿no sabes que este baño es sólo de los de la secundaria? –dijo, mientras la empujaba contra uno de los retretes.

–Caty –comentó la rubia a lado de ella, –tal vez quiera la bienvenida, además mírala es tan poquita cosa, quizá busca aprobación –sonrió mientras golpeaba con su codo a la pelirroja

–¿sabes qué?, tienes mucha razón Selene, a esta cosa hay que darle una bienvenida –dijo la niña mientras tomaba a Inocencia del pelo y la metían al baño.

Entre las cuatro niñas tomaron a Inocencia del pelo y metieron su cabeza al retrete ahogándola durante unos momentos para luego dejarla respirar, las adolescentes rieron antes de salir corriendo, La pequeña se sentó en el suelo del baño y comenzó a llorar.

Ella jamás reportó el maltrato, su papá jamás estaba en casa y cuando estaba y jugaba con ella ya no le gustaba.

Inocencia durante todos los recreos se la pasaba escondida, ya no participaba en clase, la maestra Gabriela siempre la ignoraba como si ella ya no existiera. Sus compañeros no le hablaban, no la miraban, al verse sola y sin amigos en la escuela empezó a caminar por todos los rincones de ella, fue cuando encontró a una niña unos cuantos años mayor que ella sentada cerca de la salida de emergencia.

Se acercó y vio como la niña lloraba

–¿Por qué lloras? –susurró Inocencia mientras se sentaba a su lado y le sonreía, la niña de pelo negro la volteó a mirar mientras limpiaba sus lágrimas comentó,

–Porque no tengo amigos aquí, no le caigo bien a los niños, me ignoran y no hablan conmigo-platicó mientras agachaba la miraba

–Yo tampoco tengo amigos, ¿quieres ser mi amiga? –Inocencia le estiró su mano mientras le susurraba –podemos pasar los recesos juntas y tal vez me puedas ayudar a aprenderme los números  –mencionó mientras le brillaban los ojos.

–Claro que me encantaría pasar los recesos contigo, me llamo Juliá –contestó mientras se aventaba a los brazos de inocencia.

Así pasaron los días, Inocencia y Julia se hicieron buenas amigas, su amistad trataba de perdurar.

Un día Inocencia se acercó a Julia.

–¿Qué es el cielo? –dijo mientras se alejaba de ella y se sentaba enfrente.

–Un lugar hermoso, donde siempre brilla el sol, no existen maltratos y hay mucho amor para todos, sin maldad ni odio y las nubes son de caramelo. –Respondió mientras la miraba, -¿Por qué me preguntas Inocencia?

–Porque mi mama se fue al cielo hace mucho tiempo  y desde que se fue, mi papá  ya no tiene la misma atención para mí, me ignora, siempre que le hablo no me hace caso, al principio era diferente, llegaba del trabajo y jugaba conmigo, pero ya no lo hace, prefiero  irme con mi mamá –afirmó mientras escondía su rostro en los brazos.

–¿Que tanto deseas irte con tu mama? –preguntó la chiquilla a lado de Inocencia mientras le acariciaba el pelo.

–Muchísimo, así la maestra me dejaría en paz y nunca más me molestarían, ni los de mi salón, ni los de secundaria, jamás me volverían a dar una golpiza como la del baño, además mi papá está tan ocupado que no me extrañaría, ¿Tú me podrías llevar al cielo con ella? –le preguntó mientras empezaba a notar que algo cambiaba en julia.

-Si me lo permites con gusto te llevaré –dijo Julia mientras se levantó de donde estaba sentada la jaló de la mano y caminaron hacia la salida de la escuela –hace mucho tiempo, a mí me hicieron lo mismo que a ti, solamente que en ese tiempo todo era diferente, el baño estaba en construcción y una maestra se enfadó mucho conmigo, porque me quejé con mis papás, ella solía gritarme y pegarme enfrente de todos.

–¿Julia?

–Sí, dime Inocencia –respondió está sin dejar de caminar hacia la puerta de salida, la cual tenía una luz blanca al final.

–¿Nadie me extrañará? – preguntó mientras se aferraba más a la mano de Julia.

-No –dijo la niña con una risa fría –porque tu mamá me mandó a cuidar de ti y a llevarte cuando decidieras irte por fin…, dijo que ya no tienes que sufrir a donde vamos nos divertiremos por siempre y alguien nos amara y cuidara por la eternidad, no pasaremos desapercibidas nunca más –dijo mientras cruzaba la puerta hacia la luz –-Además ya era hora que te dieras cuenta que no somos de aquí –susurró.

Julia e inocencia se empezaron a perder en el aro de luz que se formaba en la puerta de salida de salida.

6 de julio del 2013/ Noticias locales
Se descubre el cuerpo de una pequeña de 7 años muerta por asfixia.

 

 

Se descubrió el cuerpo de la niña Inocencia Paz de 7 años en el baño de su escuela ahogada en la tasa del baño por compañeros de esta misma, los datos de los niños acusados de homicidio imprudencial son mantenidos en secreto por discreción y protección de los menores.

 

 

18 de julio del 2013 /Noticias Locales.
Se encuentra una nueva víctima en el baño de la escuela donde hace 15 días la niña Inocencia Paz perdió la vida, el nombre de la niña de 9 años es desconocido, pero todo apunta a que es culpa de los continuos maltratos cometidos por los maestros de este plantel.

 

 

Se siguen buscando víctimas de maltrato en la escuela, pero esta sigue sin cerrar aún sus puertas pese a las reclamaciones de los vecinos.